Desde el cambio de paradigma hasta hoy hemos sido testigos de cambios radicales en el diario vivir, hemos ido poco a poco pasando desde una fuerte integración social, desde una fuerte vida y conciencia colectiva como se planteaba en el paradigma medieval Teocéntrico hasta una atomización brutal planteada por el paradigma moderno Antropocéntrico y su cosmovisión Liberal con la llegada del capitalismo.
Hemos sido testigos de una fuerte pérdida de sentido que muchos sociólogos, filósofos y escritores en general se han planteado la pregunta: ¿Será posible recobrar el sentido en tiempos contemporáneos?
“La visión de mundo que predominó en Occidente hasta la víspera de la Revolución Científica fue la de un mundo encantado. Las rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en este ambiente. En breve, el cosmos era un lugar de pertenencia, de correspondencia. Un miembro de éste cosmos participaba directamente en su drama, no era un observador alienado.”[1]
Hoy, por el contrario, vemos como se pragmatiza cada idea moderna y capitalista de desintegración social con apunte a la producción, partiendo por la división del trabajo cambiando la solidaridad mecánica por una orgánica y reemplazando la metáfora física por una biológica. De cierto modo se encuentra una especie de integración en la solidaridad orgánica, pero es una integración para la producción masiva, es un vivir para trabajar, una alineación y pérdida de sentido. Bajo la perspectiva liberal el sistema es visto solamente como una suma de individuos que no establecen alguna relación social o alguna afección entre ellos, en este sistema los más grandes se devoran a los más pequeños.
No cabe duda que el capitalismo a sido exitoso, claro está bajo su punto de vista, y que además muchas cosas que tenemos, ya sea lujo o bienes necesarios, llegan a nosotros y bajan sus precios “gracias” a la producción masiva implantada por el capitalismo desde la revolución industrial. Pero lo que menos duda cabe es que esa cultura implantada en muchos lugares por el capitalismo desintegra, aliena, atomiza, automatiza e idiotiza al individuo.
Hemos sido comprados, hace tiempo que todos nos hemos vendido al sistema y ahora nos identificamos con él. "La gente se reconoce a si misma en sus bienes" concluía Marcuse; "se han convertido en lo que poseen". Entrevistas revelan lo insignificantes que consideran las personas sus propias vocaciones: Arrastrándose día a día al trabajo, empujándose a través del tedio diario de escribir a maquina, archivar, recoger dineros de pólizas de seguros, estacionar automóviles, entrevistar a aspirantes a beneficios de seguridad social y, en gran medida, fantaseando en el trabajo. El segundo estudio demuestra que el trabajador no compra bienes porque se identifica con el modo de vida, sino porque esta angustiado y cree que esa angustia se puede mitigar con los bienes materiales. El consumismo es visto paradójicamente como un modo de salida del sistema que lo ha dañado y que secretamente aborrece; es un modo de mantenerse libre de la garra emocional del sistema.[2]
El hedonismo ha sido la pragmática de la idea de progreso, a esto le sumamos la lógica del paradigma moderno y obtenemos algo así como un “necesito un mundo para que pueda vivir mejor”, siempre en singular, mientras los individuos se devoran entre ellos por consumir las hienas capitalistas siguen riéndose.
Así poco a poco se crea una cultura sin sentido e indiferente a los cambios que puedan haber en el sistema ya que el consumismo es tal que se crea la lógica de que “se debe trabajar igual, sea quien sea el gobierno de turno”, después de todo el consumo da lo que la política no puede, placer inmediato. Vivimos en una sociedad de inmediatez, donde poca importancia tiene el futuro quizá lejano, en donde está la idea de que la vida es una y hay que aprovecharla, transformándose así el consumo en un placer exclusivo, tan así que cada objeto comprado es tratado como parte de uno mismo: ya es de ver al vecino lavar su auto los domingos con tanta pasión, o las increíbles filas que hace la gente para poder comprar un producto importado y tenerlo de los primeros. Paseo Ahumada se ha convertido en el paraíso terrenal. Hemos pasado de un estado de bienestar donde valían los productos de primera necesidad y la gratuidad de los servicios públicos hacia un estado liberal que ha mercantilizado la salud y la educación.
Debido al consumo desenfrenado y al “dinero plástico” creado para el endeudamiento, cada individuo debe trabajar para poder pagar sus deudas y a la vez poder satisfacer sus plus necesidades las cuales generan más deuda, a su vez ese miedo que parecía haberse quedado en el pasado emerge, condicionando las movilizaciones masivas de los trabajadores, debido por temor al desempleo. Sobreconsumir es “autoexplotarse”.
“Cada acto de consumo pone a funcionar la maquinaria del crédito, representa un reconocimiento de este Chile actual, una aceptación tácita de sus lógicas de compensación. ¿Y cómo vivir sin esa salida? ¿Quién quiere vivir sin ella, sin esa reconfortante evasión, cuando se ha perdido la esperanza en otro mundo mejor?”[3]
Ya se ha planteado la formación de una cultura enajenada, indiferente y consumista, desencantada. En este ensayo se planteará, obviamente no la solución, pero si una forma, vía o medio que puede ideologizar críticamente e implantar una cultura antagónica al paradigma liberal y así crear integración social.
Así como el Trabajo en su tiempo fue una forma de integración masiva, de conciencia colectiva y enfrentamiento de clases “La organización del trabajo dividía a los trabajadores, pero sus condiciones y las relaciones que se establecían entre sus miembros constituían un impulso hacia la unidad en función de las protestas.”[4]
O como lo es la escuela y lo que provocó en nuestro país por ejemplo la revolución estudiantil, que “surgió de la nada”, después de que veíamos a las generaciones estudiantiles totalmente despolitizadas e indiferentes, después de que veíamos (en realidad no los veíamos) a los chicos encerrados en sus casas preocupados del Chat y la televisión, después de que veíamos una generación perdida que lo único de que se preocupaba era del alcohol y de grabar las peleas en clases.
Podemos plantear el arte como medio de ideologización e implantación de una cultura critica, un arte alejado del dinero y de la producción de dólares. Tomando el arte como una forma de ver y producir una expresión. ¿Expresar que?
Muchos artistas a lo largo de la historia han expresado sueños, odio, alegría, abstracciones, etc. Entonces no seria difícil poder expresar el antagonismo, la aversión que se le tiene al paradigma moderno, al capitalismo. No lo es y de hecho ya se vio y se sigue viendo, como muchos poetas, pintores y cantantes han expresado su sentir. Desde Neruda hasta Benedetti, pasando por el mismo Galeano o Víctor Jara, son muchos los artistas que han expresado las inequidades que existen en el sistema.
Pero vale preguntarse ¿Por qué el arte?
Entra aquí en juego lo Bello, algo que más allá de generar conciencia produzca placer en el espectador. El arte, al manifestarse creativamente con la cultura misma como material, es capaz de provocar cambios, ayudar al cambio, modificar, o hacer aceptables sentidos culturales no existentes anteriormente. Por lo tanto es posible que el arte se convierta en agente de cambio.
Han sido incontables los creadores que han visto en el arte un instrumento de discusión política o simplemente el elemento más contundente para dejar constancia de unas ideas muy concretas acerca de la realidad en la que les tocó vivir. El graffiti, que muchos se resisten a encuadrar dentro del arte, estuvo desde sus inicios marcado por un espíritu contestatario, como su derivado: el Esténcil.
Podemos tomar la misma idea de Kant para darle un sentido a la historia, un consuelo e invitar a los individuos a participar de ella, dándole drama.[5]
O podemos tomar algo de Marx, “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”[6]
Se trata de darle forma a una cultura de creación y activa, y dejar de lado esa cultura pasiva que se ha implantado poco a poco después del golpe en nuestro país.
Así como los medios de comunicación, ya sea televisión, radio o periódicos inducen a la sociedad a formar una cultura automatizada y consumista y que en el caso de Chile se prioriza la farándula por sobre la política o la contingencia nacional, podemos también confiar en una pintura, un poema, una escultura o una canción que esté cargada de sentido crítico, que seduzca con su belleza y lleve a la sociedad a integrarse nuevamente.
Se puede adquirir sentido de diversas formas, siempre en colectividad ya que estamos hablando de un problema a nivel social. Dukheim en El suicidio[7] plantea en un pasaje 3 formas de alejarse de la desintegración social y adquirir conciencia colectiva: La religión, La Familia, y la Política.
La Religión predominó como conciencia colectiva en el “Medioevo”, y como se requiere llegar a las masas nos quedaremos con la política.
Lo bello no solo es producido por una pintura que tenga un ambiente armónico, no solo por un poema que hable de igualdades sociales, o no solo por música que de tranquilidad. El arte puede jugar con su belleza y traspasar ideologías de todo tipo: desde igualdades sociales, hasta ideas fascistas o nacional socialistas. Desde la imagen de una pareja de enamorados tomados de la mano por las calles de Paris, hasta una violenta guerra puede producir belleza en el sujeto (y puede que aparezca en juego lo sublime). “si antes lo bello era algo puramente objetivo, ahora parece ser algo puramente subjetivo”[8]
Entonces tenemos una contradicción y un antagonismo que previamente esperamos al hablar de ideología. Se plantea una fusión entre arte e ideología como medio para llegar a la sociedad, pero esta ideología puede ser de cualquier tipo puesto que establece cosmovisiones a raíz de un paradigma y de prejuicios.
Antes de perder el camino y el hilo conductor, seguiremos planteando de como en su tiempo la religión fue capas de dar sentido y conciencia colectiva, y como en tiempos modernos el antagonismo político paradójicamente creo integración social en escuelas e industrias, en donde acude y se concentra gran cantidad de personas.
Planteamos un medio en el cual no se espere la concentración de personas, sino que como medio, se lleve esta ideología hasta la sociedad, y como estamos hablando de implantar una cultura crítica, entonces pensaremos en un sistema horizontal opuesto al planteamiento liberal y capitalista, y así a través de lo ideológico llegar a lo material, desde lo abstracto a lo concreto.
Lo primero sería hacer tomar conciencia tanto a personas como colectividades, integrarlos, pero el problema es que estamos tan inmersos en el paradigma moderno que poco les importa la política como lo vimos anteriormente, es aquí donde entra en juego el arte como medio para llegar a y como atracción.
Volvemos a tener un antagonismo entre una industria cultural capitalista[9]contra una cultura popular que busca expandirse para poder equilibrar el sistema.
“Los medios de comunicación masiva que se han convertido en uno de los pilares esenciales de la divulgación cultural, transmiten, en efecto, mensajes que no son culturalmente neutros. Esos mensajes reflejan el pensamiento, las ideas y los valores, en una palabra, la visión del mundo de los que los difunden. Cuando aportan de manera intensiva sistemas de valores, de modos de vida, ajenos a los pueblos de una región dada, no se puede impedir que estos, a la larga, obliteren los valores propios de tales pueblos, con el riesgo de convertirse, incluso sin proponérselo, en instrumentos de alineación cultural. Lo esencial es comprenderlo y buscar la forma de salvaguardar la identidad cultural de cada pueblo, sin negar la necesidad de intercambios entre áreas culturales diferentes ni de lograr el enriquecimiento mutuo indispensable de las culturas, ya que conviene también, para mantener viva y desarrollar una cultura, evitar caer en el otro extremo, es decir, un aislamiento que puede ser igualmente nefasto…”[10]
Muchas de estas cosmovisiones e ideologías son implantadas en la inopia de la sociedad a través de medios masivos que alteran la cultura y el rumbo por la que esta va.
Lo importante en el planteamiento no es usar el arte como objetivo de ideologización de masas, sino que como se ha mencionado anteriormente hacer de una cultura participativa y critica, pero siempre está la contradicción de que es, a mi modo de ver, imposible dejar de lado la ideología, vivimos enfrentados.
Uno de los grandes descubrimientos de Marx es la revolución que ha llevado a cabo en toda la concepción de la historia universal. Hasta aquí, toda la concepción de la historia descansaba en el supuesto de que las últimas causas de todas las transformaciones históricas habían de buscarse en los cambios que se operan en las ideas de los hombres, y que de todos los cambios, los más importantes, los que regían toda la historia, eran los políticos. No se preguntaba, de dónde les vienen a los hombres las ideas, ni cuáles son las causas motrices de los cambios políticos. Pues bien, Marx demostró, que toda la historia de la humanidad, hasta hoy, es una historia de luchas de clases, que todas las luchas políticas, tan variadas y complejas, sólo giran en torno al poder social y político de unas u otras clases sociales; por parte de las clases viejas, para conservar el poder, y por parte de las clases nuevas ascendentes, para conquistarlo.
Los cambios políticos a lo largo de la historia, no se originan simplemente porque la gente
Cambie de ideas políticas, sino porque los cambios económicos originan nuevas clases sociales o modifican las ya existentes. “El motor de la historia es la Lucha de Clases”[11]
La superestructura es determinada en última instancia por la base económica[12].
A mi juicio si es que hay que elegir una postura ideológica sería la del oprimido, “mientras exista una clases inferior, perteneceré a ella”[13] a eso me refiero con equilibrio, la antítesis para la tesis, la cultura contra su contracultura.
[1] Berman, Morris, “El Reencantamiento Del mundo”: Paisaje Moderno, Cuatro Vientos, Chile, 1999, Pág. 16
[2] IBID, Pág. 17-18
[3] Moulian, Tomás, “Chile actual: anatomía de un mito”, LOM ediciones, Chile, 1997, p.123
[4] Lobato, Mirta Zaida, “La vida en las fabricas”: trabajo, protesta y política en una comunidad obrera (1904-1970), Entrepasados/Prometeo Libros, Argentina, 2001, p. 159
[5] Kant, Emmanuel, “Idea de una historia universal en sentido cosmopolita”, 2ª Ed., Editorial Tecnos, Madrid, 1994.
[6] Marx, Kart, “Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política”, Edición Marxist Internet Archive, 2001.
[7] Durkheim, Emile, “El Suicidio”, 4ª edición, Ediciones Akal, Madrid, España, 1995
[8] Hartmann, Von Eduard, “Filosofía de lo bello: una reflexión sobre lo inconsciente en el arte”, Editorial Universidad de Valencia, Valencia, 2001, p. 127
[9] Adorno, T. y Horkheimer, M., “La industria cultural. Ilustración como engaño de masas”, en Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, 1994.
[10] Industrias Culturales, El futuro de la cultura en juego. Fondo de cultura económica, México UNESCO, Paris 1982 Primera Edición.
[11] Marx, Karl.
[12] F. Engels, Carta a Jose Bloch, Londres 21 de Septiembre de 1890.
[13] Ferrer, Christian, “El Lenguaje Libertario”, Ed. Terramar, Argentina, 2005, Contraportada.