El día en que se desvanezca este espíritu contestatario, el día en que la palabra utopía ocupe la mitad del diccionario y dejemos de mostrar y anclar el margen de esta realidad a la verdad será porque dimos la búsqueda por perdida.
viernes, 16 de julio de 2010
La Voluntad Comunista (desde Pérez)
El asunto se pone más serio al nivel de la historia y no de la historiografía, se hace historia cuando se proponen criterios para algo, entonces proponer que hay un criterio de periodización: sociedad tradicional/sociedad moderna; proponer que la sociedad tradicional es una oscilación entre tres modos de producción y proponer que la sociedad moderna es una oscilación entre dos modos de producción ya es toda una tesis que implica criterios de periodización los cuales no son ni verdaderos ni falsos, son justificados por su utilidad o su conveniencia política, pero a la hora de justificar se traspasa el límite de la historia y se llega a la filosofía de la historia.
La proposición que la historia es la historia de la lucha de clases o la historia humana es la historia de los modos de producción, en esto hay implícita una filosofía de la historia. Esta es una gran tesis que podría no ser cierta, lo central en la sociedad humana es la lucha de clases, a raíz de esto se organiza todo, la lucha de clases es un recurso que inventó la humanidad para que algunos se sobrepongan a la escases a costa de otros. Entonces si se supera la escases y en general la división social del trabajo se puede superar y terminar la lucha de clases. En una sociedad en que la lucha de clases no sea necesaria no habría instituciones o al menos estas no estarían institucionalizadas, habría intercambio pero no mercado, familia pero no matrimonio, gobierno pero no estado, orden pero no ley.
Esta es toda una hipótesis, y en la sociedad en que ocurran esas cosas tan bonitas se llama comunismo. Entonces la gran afirmación de la filosofía de la historia en Marx es que el comunismo es posible. Desde luego a los críticos no les importa si el comunismo es posible, de hecho hace un tiempo se reprimía por decir semejante cosa, y hoy en día al decir que el comunismo es posible, la gente solo mira y sonríe con aires de incredibilidad. Acá hay una contradicción, hoy es más difícil hacer creer en el comunismo que antes, a pesar de que ahora no exista la violencia brutal de parte de la institución militar de un gobierno fáctico.
Hoy en Chile no hay ningún académico que se atreva a defender seriamente la postura de que el comunismo es posible, incluso los marxistas más notables de una manera indirecta e implícita se refugian en teoría y dejan entrever su desacreditación hacia la posibilidad del comunismo. Los posmodernos se han esforzado por mostrar que la idea de horizonte moral de la humanidad es un mito, que la idea del comunismo o el imperio de la raza aria o el triunfo del capitalismo son simplemente relatos para satisfacer la angustia. Se han esforzado por destruir no solo la idea de que el comunismo es posible, sino que también por destruir la idea de que cualquier utopía burguesa, fascista, marxista, etc. Y sea imposible. Para ellos solo es viable la pelea radical a nivel local, la resistencia y la bio-política.
La tarea es defender la plausibilidad del comunismo y en qué sentido se puede decir que es posible: en qué sentido se puede decir que el comunismo es posible. Lo que nos interesa no es que el comunismo sea posible, de hecho creemos que el comunismo es posible, pero no todos están obligados a creerlo; lo que interesa es un objetivo menor que consiste en mostrar que la afirmación no es una tontera subjetiva ni de buenas intenciones, sino que es un argumento sostenible y exponerlo para que la gente pueda decidir.
Ahora bien nos podemos preguntar si tiene sentido creer en dios, es una pregunta muy seria, que detrás de muchos antecedentes poder concluir que la creencia en dios no convence, es una decisión, se puede creer o no creer, no estamos para decir que solo son supersticiones, muchas veces las creencias tienen sentido, y quizá creer en dios puede tener sentido, es un argumento serio, y tras el mismo argumento serio se puede decidir el ateísmo por X razones.
En ese mismo sentido, no porque el comunismo sea una fe, es porque es una voluntad racional, la posibilidad del comunismo no es una simple expresión de buena voluntad ni es un simple eslogan politiquero, sino que es un argumento defendible con el cual uno podría no estar de acuerdo, pero una vez que se entiende que es un argumento plausible.
Ahora, los argumentos más comunes contra el comunismo son a la vez los argumentos más profundos, los que esboza la gente común y corriente, los ciudadanos razonables. Cuando uno dice que el comunismo es posible, esa posibilidad implica un problema filosófico, qué se entiende por posible. Pero esa posibilidad, el concepto, adquiere otro nivel ya que se puede presentar un problema técnico. Que se traduce a que por una razón tecnología el comunismo no es posible ya que no se puede mantener a toda la población con suficientes recursos para la subsistencia.
Es necesario explicar de manera clara y distinta bajo qué condiciones tecnológicas diríamos que estamos en una sociedad comunista, cómo es la sociedad. Podría ocurrir que el comunismo sea filosóficamente posible y defendible en el nivel del argumento; tecnológicamente posible en tanto que dicho argumento se puede llevar a la práctica; pero la gente no quiera hacerlo ni creerlo. Entonces hay que establecer que el comunismo es políticamente posible, pero solo es políticamente posible solo si hemos pasado las otras dos etapas, hay un orden en estos tres niveles: Filosófico, tecnológico y político. El gran problema en realidad radica en el tercer nivel, en el espacio político. De pronto llegamos a creer que los medios de comunicación son todopoderosos y van a tener a la gente enajenada para siempre, entre tarjetas de crédito y consumismo la humanidad estará enajenada para siempre.
El primer problema que está más a fondo es la noción de posibilidad, es un problema epistemológico. Resulta que la operación moderna del pensamiento, como la modernidad piensa lo que piensa, es una operación inminentemente dicotómica, lo que está en juego en el concepto de posibilidad son las ideas de necesidad, contingencia y posibilidad.
Necesidad, posibilidad y contingencia son cosas que se pueden predicar de eventos y procesos, no de cosas, cuando uno afirma dos cosas está comparando dos estados en relación. Entonces la operación dicotómica de la modernidad consiste en mostrar que hay necesidad cuando a partir de un estado del mundo solo puede pasar una sola cosa, que dado esto solo puede pasar esto otro. Como era la única alternativa, entonces se dice: esto ocurrió necesariamente a partir de esto otro, ocurre necesariamente porque no puede ocurrir otra cosa. Para la modernidad la conexión entre las condiciones iniciales y el evento necesario es la ley: Hay una ley que rige un proceso con la cual se puede predecir un evento, se piensa a la ley como algo necesario. Entonces, por ejemplo, en la ley de gravitación dada las condiciones de un cuerpo en la tierra se puede predecir que el cuerpo caerá al suelo y predecir su velocidad con la que va a caer.
Aplicada esta necesidad a la historia, entonces se daría la idea de que se pueden predecir eventos históricos. Pero nadie ha dicho nunca que se pueden predecir eventos históricos, sin embargo muchos críticos le atribuyen esa idea a los marxistas; la crítica antimarxista está llena de mala voluntad política. Podemos poner de ejemplo a Karl Popper con su “miseria del historicismo”, en donde dice que los marxistas creen que la historia es una ciencia; pero los marxistas nunca han dicho que se pueden predecir eventos históricos.Cuando los marxistas dicen que puede haber una sociedad comunistas no están haciendo una predicción, porque no se dice que ocurrirá necesariamente; esto quiere decir que puede o no ocurrir. Entonces lo que se cree es que cuando algo no es necesario entonces es contingente. Hay marxistas que piensan que vamos camino al comunismo y que nada puede evitar esa determinación, pero esa característica no es del marxismo en sí, sino que de algunos “marxistas”.
Lo contrario de la necesidad es la contingencia, esto quiere decir que a partir de un evento puede ocurrir cualquier cosa, pero como la modernidad entiende la ley como ley necesaria entonces entiende la contingencia como lo sin ley. La dicotomía es la siguiente, hay ley o simplemente no la hay; lo que ocurre está estrictamente determinado, o no hay determinación alguna. La ley es concebida como ley necesaria, entonces no es raro que la ilustración haya creído todo esto, aunque puede ocurrir que toda esta dicotomía sea falsa.
Es en Hegel en donde podemos encontrar la noción de posibilidad real, la categoría de posibilidad necesita de un apellido, y ese apellido es “real”, para diferenciar la palabra posibilidad con su uso coloquial: por ejemplo cuando se dice que sólo una cosa es posible, entonces no es posible sino necesario; cuando se dice que cualquier cosa es posible, entonces eso no es posibilidad sino contingencia. En realidad la palabra posibilidad sólo tiene sentido estricto cuando uno puede distinguir lo posible de lo imposible, cuando existen ambas cuestiones. Solo hay posibilidad cuando a partir de un estado pueden pasar muchas cosas pero no puede pasar cualquier cosa, es decir, cuando hay un campo de lo posible que es distinto de otro campo que es lo imposible, solo en este caso tiene sentido usar la palabra posibilidad. En este caso la ley que rige el proceso no es una ley necesaria, sino la ley de lo posible, una ley que establece un límite.; lo que la ley establece no es lo que va a ocurrir, sino el límite de lo que puede ocurrir, la ley es lo que permite distinguir lo posible de lo imposible. Entonces no estamos obligados a entender las leyes como leyes necesarias, ya que también es plenamente entendible entender la ley como la ley de lo posible. Sin embargo vale preguntarse sobre el carácter de ese límite, podría ocurrir que ese límite sea dado e insuperable, o al menos que se experimenta como algo insuperable. Cuando el límite se experimenta como insuperable se puede llamar “natural”, y esas leyes se llaman leyes naturales.
Pero no hay que pensar en las leyes naturales como límites dado, sino que hay un límite dado a ese se le llama naturaleza, experimentamos las leyes como leyes naturales cuando la experiencia que tenemos de la ley es que dicha ley no se puede pasar a llevar. Sin embargo puede ocurrir que las leyes que establecen el límite sean leyes puestas, en el caso de las leyes naturales todavía podría ocurrir que estas leyes dadas sean necesarias, hay leyes naturales que son puestas por el propio sistema, estas leyes son autofinalísticas; lo importante que las leyes puestas son meramente posibles, la ley del límite es posible. La ley puesta y posible es la ley histórica, la historia es un ámbito de leyes en que los límites son puestos por los seres humanos, esto permite dos ámbitos de libertad: la ley histórica permite distinguir lo posible de la posibilidad de lo imposible; si los límites son naturales lo imposible es imposible, pero si los límites son históricos lo imposible es posible trasgrediendo el límite y aboliendo la ley, hay una libertad en segundo orden.
Ante esto se puede pensar en la política reformista como el arte de lo posible, asumiendo lo dado como dado y se dedica a lo posible; en cambio la política revolucionaria es el arte de hacer posible lo imposible, hacer posible lo que hasta el momento se ha experimentado como imposible. Pero para que la política revolucionaria sea practicable es necesario historiar las leyes que se experimentan como naturales; el primer gesto teórico cuando hay una voluntad revolucionaria es pensar en lo imposible como posible, y pensar en lo natural como histórico, en pensar lo fijo como lo cambiable.
Entonces el primer argumento filosófico más de fondo contra el comunismo es que el comunismo es imposible por naturaleza, y esto lo dicen tanto los filósofos más sofisticados como también los ciudadanos más triviales. Argumentan que el comunismo es imposible porque la gente es egoísta, es egoísta por naturaleza. Por supuesto que si la gente es egoísta por naturaleza obviamente el comunismo es imposible; hay una cuestión de premisa y consecuencia. Entonces para que el comunismo sea posible es necesario sostener que no es cierto que la gente es egoísta por naturaleza, hay que decir que la gente es egoísta porque en realidad la sociedad la ha hecho egoísta. Pero si se piensa que la gente es egoísta por naturaleza además de que el comunismo es imposible tienen que haber leyes, control, orden, estado, policías, porque hay que mantener vigilados a los ciudadanos porque en ellos no se puede confiar. Los liberales no creen que los seres humanos sean egoístas de manera agresiva, sino que creen que son egoístas pero sociables, entonces basta con ser liberal para negar todo esto, ni siquiera es necesario ser marxista para negar esta postura sobre la naturaleza.
La diferencia entre naturaleza como concepto especulativo, condición humana finita y bases biológicas de la conducta. En primer lugar el concepto de naturaleza humana que data en el siglo XVII y siglo XVIII tiene como ejemplo a Hobbes y a Hume. Esta postura naturalista indica que los seres humanos por naturaleza son agresivos, egoístas, competitivos, etc. Sin embargo cuando Nietzsche dice que los comportamientos humanos están determinados por la voluntad de poder no está hablando de la naturaleza, lo que está diciendo es que forma parte de la condición humana el desear vaciamente, forma parte de la condición humana la voluntad de poder, la angustia, la soledad, la incomunicación y la muerte. Entonces si todos estamos condicionados es obvio que el comunismo es imposible, porque estamos hablando de una condición humana finita. Esta condición humana que predica Nietzsche y también Lacan, a raíz de esto salieron los filósofos postmodernos, los cuales se autodenominan filósofos de la finitud, término inventado por Foucault. En “el fin del hombre” inaugura la filosofía de la finitud, desde ahí para adelante nadie se atreve a decir que los hombres tienen posibilidades infinitas.
Ahora en cuanto a las condiciones biológicas, cuestiones “científicas”, se han invocado a las vitaminas, hormonas, neurotransmisores, músculos, para estar en contra del comunismo. Por ejemplo se ha descubierto que hay un neurotransmisor de la agresividad, se ha descubierto que hay una hormona del liderazgo, y muchas otras barbaridades que permiten decir que el comunismo es imposible. Todo se verifica científicamente que la gente es siempre egoísta, que la gente tiene territorialidad, que heredamos un espacio de la selección natural, que el hemisferio izquierdo del cerebro es femenino y el hemisferio diestro es masculino, etc. O sea, todos los días se demuestran que el comunismo es imposible por razones biológicas.
El problema es que si estamos obligados a creer en esas razones biológicas, en esos argumentos naturalistas o si en realidad son argumentos naturalizadores y no naturalistas.
Lo cierto es que para que el comunismo sea posible es de mostrar que no hay razones naturales que lo impidan, ni en la naturaleza humana, ni en la condición humana finita, y ni siquiera en la biología humana. Pero es difícil no creer en estos argumentos puesto que están muy inherentes a nosotros como personas dentro de una sociedad. Ahora pensemos, ¿es natural que las mujeres se pongan sensibles y de mal genio cuando tienen la menstruación? No es cierto que los dolores de cabeza estén asociados con la menstruación, esto es una correlación que se debe al estrés. ¿Es cierto que los hombres son mejores para las matemáticas? No, no es cierto. ¿Es cierto que los negros llevan el baile en la sangre?, ¿es cierto que los blancos son más inteligentes? ¿Son enojones los mapuches? ¿Son flojos los bolivianos? ¿Son sueltos de cuerpo los brasileños? ¿Son trabajadores los alemanes? La respuesta es no, lo que pasa es que estamos llenos de supersticiones naturalistas. Y pasa con la izquierda clásica, está llena de prejuicios machistas, naturalistas y frecuentemente incluso racistas.
Dichos argumentos naturalistas son muy profundos y a la vez muy cotidianos, la mayoría de las personas naturalizan situaciones sociales. Los argumentos naturalistas son de manera cotidiana el fascismo, en el ámbito que sea, de género, étnico, cultural, etc.
Entonces para que el comunismo sea posible es necesario sostener un historicismo absoluto, no hay ni en la naturaleza humana ni en la condición humana, ni en la biología, características que impidan que los seres humanos vivan sin luchas de clases en el comunismo. Si se quiere sostener el comunismo se tiene que afirmar un historicismo absoluto, por el contrario no se puede llegar a esa conclusión.
Si esto es así y el comunismo no es necesario ni contingente, sino posible, la garantía teórica que tenemos es nula, no hay ninguna garantía de que el comunismo ocurra realmente y no debe haberla, para que no se cree la dinámica totalitaria, para no obligar a creer en. Es bueno que el mando revolucionario asuma que podría estar equivocado, pero en la dicotomía moderna se piensa que si uno cree que podría estar equivocado entonces se está reconociendo que no va a ocurrir. Pero que no se tenga certeza de algo no quiere decir que no vaya a ocurrir, solo se está diciendo que no hay garantías de que ocurra, y se puede creer en que el comunismo ocurra sin tener garantías de que ocurra, porque es una voluntad y no se necesita una demostración. La política comunista es una apuesta de que algo pueda ocurrir, podemos estar equivocados, pero sin embargo puede ocurrir. Entonces, como es una apuesta podemos tomar otro ejemplo: ¿se puede demostrar que dios existe? No, no se puede, entonces es una apuesta del mismo tipo, no se afirma que no exista, lo que se afirma es que puede existir o no. Por otro lado no se afirma que el comunismo ocurrirá, sino que lo que se afirma es que el comunismo podría ocurrir. No hay garantías teóricas ni deben haberlas, de lo contrario si es que existieran estas garantías los marxistas serían totalitarios.
Supongamos entonces que no hay un problema con la posibilidad del comunismo, esto quiere decir que no es imposible, y no solo es imposible sino que además es posible. Y para establecer que es posible es necesario establecer que la lucha de clases se termina de X manera. Entonces, ¿podría haber desarrollo tecnológico suficiente para que la humanidad llegue al comunismo? Hay tecnología para hacer vivir al ser humano siglo y medio, para llegar a la luna, a Júpiter, a Plutón, para viajar a la velocidad de la luz, para clonar, pero la mala fe política nunca dirá que hay tecnología para el comunismo. ¿Puede el ser humano llegar alguna vez a Alfa Centauro? La respuesta es que no hay nada que la humanidad no pueda realizar. Entonces, ¿Podríamos construir el comunismo? La respuesta que se da es no, no alcanza la tecnología para eso.
El problema tecnológico concreto es si el desarrollo tecnológico permitiría mantener una población humana sustentable del orden de los 10 mil millones de personas, la respuesta contundente es que sí, y ya es posible hacer eso. En el planeta se producen sistemáticamente más alimentos que personas, y hace 150 años que ocurre eso; por primera vez en la historia humana el hambre es un problema político y no un problema tecnológico. Tenemos capacidad instalada ya para que todos los seres humanos tengan agua potable, luz eléctrica, internet, etc. Ya es posible, y de hecho hasta en Chile hay fibra óptica de altísimo nivel hasta en los barrios más pobres, están instalados con el fin de utilizarla más adelante. Por ejemplo el costo de producción de un teléfono celular es de menos de 500 pesos, entonces no es raro que hayan 3 millones de chilenos con teléfono celular, de hecho ahora los regalan y solo cobran las llamadas; el costo de producción de una cámara no es de más de 10 mil pesos y los chilenos pagan una enormidad además de los intereses, existe un sobreprecio escandaloso, las tasas de ganancia son gigantescas. Entonces dado esto, ya es posible que alcance para todos, ya hay abundancia en el planeta; y no solo con la tecnología, sino que con la agricultura, la pesca y toda la producción de alimentos; en Polonia hay mas vacas que persona como en Holanda hay mas chanchos que personas; en Japón viven 140 millones de personas n un territorio que es la tercera parte de Chile y los japoneses prácticamente producen todo su alimento, hay campo, hay pesca y alta productividad de alimentos. Conclusión: la abundancia ya existe, el problema es político. Sin embargo habiendo las tecnologías no es suficiente, el problema es cómo organizar la tecnología para que una pueda decir que la lucha de clases no es necesaria. La fórmula que Marx propuso es que el comunismo es posible si es posible superar la división social del trabajo…
* Tomado desde las clases de Carlos Pérez Soto en la Universidad de Artes y Ciencias Sociales
jueves, 15 de julio de 2010
Hacia un reencantamiento cultural (desde el arte)
Desde el cambio de paradigma hasta hoy hemos sido testigos de cambios radicales en el diario vivir, hemos ido poco a poco pasando desde una fuerte integración social, desde una fuerte vida y conciencia colectiva como se planteaba en el paradigma medieval Teocéntrico hasta una atomización brutal planteada por el paradigma moderno Antropocéntrico y su cosmovisión Liberal con la llegada del capitalismo.
Hemos sido testigos de una fuerte pérdida de sentido que muchos sociólogos, filósofos y escritores en general se han planteado la pregunta: ¿Será posible recobrar el sentido en tiempos contemporáneos?
“La visión de mundo que predominó en Occidente hasta la víspera de la Revolución Científica fue la de un mundo encantado. Las rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en este ambiente. En breve, el cosmos era un lugar de pertenencia, de correspondencia. Un miembro de éste cosmos participaba directamente en su drama, no era un observador alienado.”[1]
Hoy, por el contrario, vemos como se pragmatiza cada idea moderna y capitalista de desintegración social con apunte a la producción, partiendo por la división del trabajo cambiando la solidaridad mecánica por una orgánica y reemplazando la metáfora física por una biológica. De cierto modo se encuentra una especie de integración en la solidaridad orgánica, pero es una integración para la producción masiva, es un vivir para trabajar, una alineación y pérdida de sentido. Bajo la perspectiva liberal el sistema es visto solamente como una suma de individuos que no establecen alguna relación social o alguna afección entre ellos, en este sistema los más grandes se devoran a los más pequeños.
No cabe duda que el capitalismo a sido exitoso, claro está bajo su punto de vista, y que además muchas cosas que tenemos, ya sea lujo o bienes necesarios, llegan a nosotros y bajan sus precios “gracias” a la producción masiva implantada por el capitalismo desde la revolución industrial. Pero lo que menos duda cabe es que esa cultura implantada en muchos lugares por el capitalismo desintegra, aliena, atomiza, automatiza e idiotiza al individuo.
Hemos sido comprados, hace tiempo que todos nos hemos vendido al sistema y ahora nos identificamos con él. "La gente se reconoce a si misma en sus bienes" concluía Marcuse; "se han convertido en lo que poseen". Entrevistas revelan lo insignificantes que consideran las personas sus propias vocaciones: Arrastrándose día a día al trabajo, empujándose a través del tedio diario de escribir a maquina, archivar, recoger dineros de pólizas de seguros, estacionar automóviles, entrevistar a aspirantes a beneficios de seguridad social y, en gran medida, fantaseando en el trabajo. El segundo estudio demuestra que el trabajador no compra bienes porque se identifica con el modo de vida, sino porque esta angustiado y cree que esa angustia se puede mitigar con los bienes materiales. El consumismo es visto paradójicamente como un modo de salida del sistema que lo ha dañado y que secretamente aborrece; es un modo de mantenerse libre de la garra emocional del sistema.[2]
El hedonismo ha sido la pragmática de la idea de progreso, a esto le sumamos la lógica del paradigma moderno y obtenemos algo así como un “necesito un mundo para que pueda vivir mejor”, siempre en singular, mientras los individuos se devoran entre ellos por consumir las hienas capitalistas siguen riéndose.
Así poco a poco se crea una cultura sin sentido e indiferente a los cambios que puedan haber en el sistema ya que el consumismo es tal que se crea la lógica de que “se debe trabajar igual, sea quien sea el gobierno de turno”, después de todo el consumo da lo que la política no puede, placer inmediato. Vivimos en una sociedad de inmediatez, donde poca importancia tiene el futuro quizá lejano, en donde está la idea de que la vida es una y hay que aprovecharla, transformándose así el consumo en un placer exclusivo, tan así que cada objeto comprado es tratado como parte de uno mismo: ya es de ver al vecino lavar su auto los domingos con tanta pasión, o las increíbles filas que hace la gente para poder comprar un producto importado y tenerlo de los primeros. Paseo Ahumada se ha convertido en el paraíso terrenal. Hemos pasado de un estado de bienestar donde valían los productos de primera necesidad y la gratuidad de los servicios públicos hacia un estado liberal que ha mercantilizado la salud y la educación.
Debido al consumo desenfrenado y al “dinero plástico” creado para el endeudamiento, cada individuo debe trabajar para poder pagar sus deudas y a la vez poder satisfacer sus plus necesidades las cuales generan más deuda, a su vez ese miedo que parecía haberse quedado en el pasado emerge, condicionando las movilizaciones masivas de los trabajadores, debido por temor al desempleo. Sobreconsumir es “autoexplotarse”.
“Cada acto de consumo pone a funcionar la maquinaria del crédito, representa un reconocimiento de este Chile actual, una aceptación tácita de sus lógicas de compensación. ¿Y cómo vivir sin esa salida? ¿Quién quiere vivir sin ella, sin esa reconfortante evasión, cuando se ha perdido la esperanza en otro mundo mejor?”[3]
Ya se ha planteado la formación de una cultura enajenada, indiferente y consumista, desencantada. En este ensayo se planteará, obviamente no la solución, pero si una forma, vía o medio que puede ideologizar críticamente e implantar una cultura antagónica al paradigma liberal y así crear integración social.
Así como el Trabajo en su tiempo fue una forma de integración masiva, de conciencia colectiva y enfrentamiento de clases “La organización del trabajo dividía a los trabajadores, pero sus condiciones y las relaciones que se establecían entre sus miembros constituían un impulso hacia la unidad en función de las protestas.”[4]
O como lo es la escuela y lo que provocó en nuestro país por ejemplo la revolución estudiantil, que “surgió de la nada”, después de que veíamos a las generaciones estudiantiles totalmente despolitizadas e indiferentes, después de que veíamos (en realidad no los veíamos) a los chicos encerrados en sus casas preocupados del Chat y la televisión, después de que veíamos una generación perdida que lo único de que se preocupaba era del alcohol y de grabar las peleas en clases.
Podemos plantear el arte como medio de ideologización e implantación de una cultura critica, un arte alejado del dinero y de la producción de dólares. Tomando el arte como una forma de ver y producir una expresión. ¿Expresar que?
Muchos artistas a lo largo de la historia han expresado sueños, odio, alegría, abstracciones, etc. Entonces no seria difícil poder expresar el antagonismo, la aversión que se le tiene al paradigma moderno, al capitalismo. No lo es y de hecho ya se vio y se sigue viendo, como muchos poetas, pintores y cantantes han expresado su sentir. Desde Neruda hasta Benedetti, pasando por el mismo Galeano o Víctor Jara, son muchos los artistas que han expresado las inequidades que existen en el sistema.
Pero vale preguntarse ¿Por qué el arte?
Entra aquí en juego lo Bello, algo que más allá de generar conciencia produzca placer en el espectador. El arte, al manifestarse creativamente con la cultura misma como material, es capaz de provocar cambios, ayudar al cambio, modificar, o hacer aceptables sentidos culturales no existentes anteriormente. Por lo tanto es posible que el arte se convierta en agente de cambio.
Han sido incontables los creadores que han visto en el arte un instrumento de discusión política o simplemente el elemento más contundente para dejar constancia de unas ideas muy concretas acerca de la realidad en la que les tocó vivir. El graffiti, que muchos se resisten a encuadrar dentro del arte, estuvo desde sus inicios marcado por un espíritu contestatario, como su derivado: el Esténcil.
Podemos tomar la misma idea de Kant para darle un sentido a la historia, un consuelo e invitar a los individuos a participar de ella, dándole drama.[5]
O podemos tomar algo de Marx, “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”[6]
Se trata de darle forma a una cultura de creación y activa, y dejar de lado esa cultura pasiva que se ha implantado poco a poco después del golpe en nuestro país.
Así como los medios de comunicación, ya sea televisión, radio o periódicos inducen a la sociedad a formar una cultura automatizada y consumista y que en el caso de Chile se prioriza la farándula por sobre la política o la contingencia nacional, podemos también confiar en una pintura, un poema, una escultura o una canción que esté cargada de sentido crítico, que seduzca con su belleza y lleve a la sociedad a integrarse nuevamente.
Se puede adquirir sentido de diversas formas, siempre en colectividad ya que estamos hablando de un problema a nivel social. Dukheim en El suicidio[7] plantea en un pasaje 3 formas de alejarse de la desintegración social y adquirir conciencia colectiva: La religión, La Familia, y la Política.
La Religión predominó como conciencia colectiva en el “Medioevo”, y como se requiere llegar a las masas nos quedaremos con la política.
Lo bello no solo es producido por una pintura que tenga un ambiente armónico, no solo por un poema que hable de igualdades sociales, o no solo por música que de tranquilidad. El arte puede jugar con su belleza y traspasar ideologías de todo tipo: desde igualdades sociales, hasta ideas fascistas o nacional socialistas. Desde la imagen de una pareja de enamorados tomados de la mano por las calles de Paris, hasta una violenta guerra puede producir belleza en el sujeto (y puede que aparezca en juego lo sublime). “si antes lo bello era algo puramente objetivo, ahora parece ser algo puramente subjetivo”[8]
Entonces tenemos una contradicción y un antagonismo que previamente esperamos al hablar de ideología. Se plantea una fusión entre arte e ideología como medio para llegar a la sociedad, pero esta ideología puede ser de cualquier tipo puesto que establece cosmovisiones a raíz de un paradigma y de prejuicios.
Antes de perder el camino y el hilo conductor, seguiremos planteando de como en su tiempo la religión fue capas de dar sentido y conciencia colectiva, y como en tiempos modernos el antagonismo político paradójicamente creo integración social en escuelas e industrias, en donde acude y se concentra gran cantidad de personas.
Planteamos un medio en el cual no se espere la concentración de personas, sino que como medio, se lleve esta ideología hasta la sociedad, y como estamos hablando de implantar una cultura crítica, entonces pensaremos en un sistema horizontal opuesto al planteamiento liberal y capitalista, y así a través de lo ideológico llegar a lo material, desde lo abstracto a lo concreto.
Lo primero sería hacer tomar conciencia tanto a personas como colectividades, integrarlos, pero el problema es que estamos tan inmersos en el paradigma moderno que poco les importa la política como lo vimos anteriormente, es aquí donde entra en juego el arte como medio para llegar a y como atracción.
Volvemos a tener un antagonismo entre una industria cultural capitalista[9]contra una cultura popular que busca expandirse para poder equilibrar el sistema.
“Los medios de comunicación masiva que se han convertido en uno de los pilares esenciales de la divulgación cultural, transmiten, en efecto, mensajes que no son culturalmente neutros. Esos mensajes reflejan el pensamiento, las ideas y los valores, en una palabra, la visión del mundo de los que los difunden. Cuando aportan de manera intensiva sistemas de valores, de modos de vida, ajenos a los pueblos de una región dada, no se puede impedir que estos, a la larga, obliteren los valores propios de tales pueblos, con el riesgo de convertirse, incluso sin proponérselo, en instrumentos de alineación cultural. Lo esencial es comprenderlo y buscar la forma de salvaguardar la identidad cultural de cada pueblo, sin negar la necesidad de intercambios entre áreas culturales diferentes ni de lograr el enriquecimiento mutuo indispensable de las culturas, ya que conviene también, para mantener viva y desarrollar una cultura, evitar caer en el otro extremo, es decir, un aislamiento que puede ser igualmente nefasto…”[10]
Muchas de estas cosmovisiones e ideologías son implantadas en la inopia de la sociedad a través de medios masivos que alteran la cultura y el rumbo por la que esta va.
Lo importante en el planteamiento no es usar el arte como objetivo de ideologización de masas, sino que como se ha mencionado anteriormente hacer de una cultura participativa y critica, pero siempre está la contradicción de que es, a mi modo de ver, imposible dejar de lado la ideología, vivimos enfrentados.
Uno de los grandes descubrimientos de Marx es la revolución que ha llevado a cabo en toda la concepción de la historia universal. Hasta aquí, toda la concepción de la historia descansaba en el supuesto de que las últimas causas de todas las transformaciones históricas habían de buscarse en los cambios que se operan en las ideas de los hombres, y que de todos los cambios, los más importantes, los que regían toda la historia, eran los políticos. No se preguntaba, de dónde les vienen a los hombres las ideas, ni cuáles son las causas motrices de los cambios políticos. Pues bien, Marx demostró, que toda la historia de la humanidad, hasta hoy, es una historia de luchas de clases, que todas las luchas políticas, tan variadas y complejas, sólo giran en torno al poder social y político de unas u otras clases sociales; por parte de las clases viejas, para conservar el poder, y por parte de las clases nuevas ascendentes, para conquistarlo.
Los cambios políticos a lo largo de la historia, no se originan simplemente porque la gente
Cambie de ideas políticas, sino porque los cambios económicos originan nuevas clases sociales o modifican las ya existentes. “El motor de la historia es la Lucha de Clases”[11]
La superestructura es determinada en última instancia por la base económica[12].
A mi juicio si es que hay que elegir una postura ideológica sería la del oprimido, “mientras exista una clases inferior, perteneceré a ella”[13] a eso me refiero con equilibrio, la antítesis para la tesis, la cultura contra su contracultura.
[1] Berman, Morris, “El Reencantamiento Del mundo”: Paisaje Moderno, Cuatro Vientos, Chile, 1999, Pág. 16
[2] IBID, Pág. 17-18
[3] Moulian, Tomás, “Chile actual: anatomía de un mito”, LOM ediciones, Chile, 1997, p.123
[4] Lobato, Mirta Zaida, “La vida en las fabricas”: trabajo, protesta y política en una comunidad obrera (1904-1970), Entrepasados/Prometeo Libros, Argentina, 2001, p. 159
[5] Kant, Emmanuel, “Idea de una historia universal en sentido cosmopolita”, 2ª Ed., Editorial Tecnos, Madrid, 1994.
[6] Marx, Kart, “Prólogo a la contribución a la crítica de la economía política”, Edición Marxist Internet Archive, 2001.
[7] Durkheim, Emile, “El Suicidio”, 4ª edición, Ediciones Akal, Madrid, España, 1995
[8] Hartmann, Von Eduard, “Filosofía de lo bello: una reflexión sobre lo inconsciente en el arte”, Editorial Universidad de Valencia, Valencia, 2001, p. 127
[9] Adorno, T. y Horkheimer, M., “La industria cultural. Ilustración como engaño de masas”, en Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Trotta, 1994.
[10] Industrias Culturales, El futuro de la cultura en juego. Fondo de cultura económica, México UNESCO, Paris 1982 Primera Edición.
[11] Marx, Karl.
[12] F. Engels, Carta a Jose Bloch, Londres 21 de Septiembre de 1890.
[13] Ferrer, Christian, “El Lenguaje Libertario”, Ed. Terramar, Argentina, 2005, Contraportada.
El Desencantamiento del Mundo (desde Weber)
Junto con el planteamiento de la racionalidad instrumental hay una serie de aspectos y hechos que han desmotivado y segregado el sentido que se le da al mundo y a las acciones, desde las revoluciones burguesas y culturales en occidente se ha adelantado este proceso de desencantamiento del mundo, en el cual se ha reemplazado el paradigma teocéntrico junto con el cual el hombre era un creación mas de dios, y como tal debía actuar con respeto y valorar al cosmos, en sí el hombre se sentía a gusto con su contexto y con su mundo, o con el mundo de su creador, le daba un gran sentido a la vida. Los animales, las plantas, los ríos, las montañas, etc. Todo estaba ampliamente valorado por el hombre, ya que él no era el centro, no debía cambiar nada del mundo ni de su naturaleza, porque todo era dado por dios, por lo tanto la visión del mundo que predominó en Occidente hasta la víspera de la Revolución Científica fue la de un mundo encantado. Las rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en este ambiente.[1]
Luego con las revoluciones burguesas hay un cambio de paradigma, de el teocentrismo al antropocentrismo, dios deja de ser el centro del cosmos, para más tarde y como lo dice Nietzsche, Morir. Es el hombre el que luego se pone en el centro del cosmos y por lo tanto es el responsable de lo que ocurre a su alrededor, de transformar y crear, hay una secularización de la idea de progreso. Es entonces con la aparición de la ciencia como tal, y más aun la institucionalización, la burocratización, legitimación y quizá fetichización de la ciencia en el siglo XIX, siglo del orden y el progreso, eslogan del capitalismo, en donde se ve el mundo con una perspectiva mecanicista y desencantada cada vez mas. Se reemplazan los valores puritanos que se tenían, ya reemplazados por el cristianismo, y se impone la racionalidad instrumental. Es la racionalización “científica” de la realidad la que ha provocado el desencantamiento de la vida y del mundo, la razón a pasado a ser un instrumento para dominar imponiendo su visión mecanicista y pensando en que se puede llegar a la realidad objetiva a través de un método que despoja al científico de prejuicios y pasiones.
La ciencia lo que ha hecho es reemplazar toda pregunta de sentido (¿por qué?) por una pregunta de método (¿cómo?) derribando el sentido que no sea científico admitiendo que la razón es un instrumento para llegar a la verdad, ya sea a través de números o cálculos. Es esa misma racionalidad la que ha provocado que nos encerremos en una jaula de hierro y nos desencantemos. El mundo que quiere la ciencia, un mundo mecánico, físico y como tal sin sentido y libre de valores, que se mueve en una sola dirección como las agujas del reloj, es un mundo desencantado.
Si bien Weber, a diferencia de Hegel, cree que la realidad como tal es incognoscible en su totalidad y solo puede ser ordenada parcialmente a través de conceptos elegidos de manera arbitraria, a la vez cree que en entre la realidad y el conocimiento hay un vacío posibilitado por una toma de posición valorativa, con la cual no renuncia a la posibilidad de un conocimiento objetivo con validez universal. Hay que entender que Weber rechaza el imperativo categórico de Kant, y entiende que el objeto de estudio son los valores tomados por lo individuos los cuales se objetivan en un determinado contexto y en un determinado tiempo. Pero estos valores solo se pueden interpretar, no se puede explicar ya que no hay una “conocimiento científico” exacto, hay que ver la objetividad como una objetivación, como una verdad universalmente válida.
Estos valores y sentidos se han ido desvaneciendo con la creciente racionalización de la humanidad que conlleva de manera inherente una secularización. Es por esto que el futuro que diagnostica Weber no es para nada alentador, la dominación de las grandes potencias han cambiado sus formas, pero la dominación como tal se ha mantenido, descansando de manera legal en la racionalización y en la burocratización. Ahora, el papel de la ciencia es algo fundamental, a esto me refiero un tanto con la burocratización, el hecho de solo nombrar la palabra “ciencia” puede generar una actitud sumisa frente a esa abstracción, y en cuanto a la burocratización le podemos poner ese fetiche cultural, como por ejemplo el sociólogo, que da las simples opiniones que cualquier ciudadano puede generar, pero por el hecho de tener burocratizado su “saber”, por el hecho de “ser sociólogo” su dominio descansa en una legitimación racionalizada. Se ha sabido que la ciencia y todas las doctrinas científicas descansan en su método libre de prejuicios y pasión que hacen del científico alguien capaz de poder ver la realidad tal cual es, o por lo menos así lo pretende la ciencia.
Son varios aspectos que descansan en la racionalización de la humanidad los que nos sumergen en una dominación legitima que trata como objetivo lo que está libre de valores y de prejuicios; se es objetivo cuando no se valora, cuando no se emiten juicios de valor. Weber nos cuenta que nos encerraremos en una jaula de hierro a raíz de esta racionalización, y como la ciencia es la doctrina que tiene la verdad entonces hay una gran pérdida de sentido. Si bien Nietzsche ve una especie de reencantamiento en el arte, Weber lo ve en la política.
Ahora bien, podemos imaginar este futuro desolador aunque sea por un minuto: dominaría la burocracia que descansaría en la ciencia, como tal no habría relaciones de simpatía ni de gratitud, no se emitirían juicios de valor, todo sería movido de manera gris por rasgos impersonales, sería muy difícil mantener una amistad dentro del dominio de la burocracia; el amor, la amistad, la simpatía, el gusto, la arbitrariedad, los sentidos, todo seria desparasitado de sus valores, solo habrían acciones instrumentales racionalizadas y “objetivas”, y como tal se expandiría a la cultura, digna de su tiempo, sería una cultura de la mona lisa: sin risa, sin llanto.
Weber al hablar en algunos capítulos sobre la política, se refiere a dos tipos de éticas, a la “ética de la responsabilidad” y a la “ética de la convicción”. Weber piensa en el político como alguien que debe tener una causa y a la vez una pasión para no tratar de ganar el poder por el poder. A la vez relaciona ampliamente la política con el estado: “Por política entenderemos solamente la dirección o la influencia sobre la dirección de una asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de un Estado”[2]. Weber vincula el poder político con la violencia legítima y la dominación. Es ahí donde se trata de vincular la ética con la política para no perder el sentido, para que el “ser político” no se nos escape en una carrera por el poder es necesario reunir la pasión y la responsabilidad, la ética de la convicción con la ética de la responsabilidad, dos tipos que no son mutuamente excluyentes, quizá podamos agregar además una sutil diferencia entre la vocación y la profesión. Weber piensa que solo en el político autentico puede armonizarse este dialogo entre causa, pasión y convicción con el criterio de responsabilidad.
Weber solía, al igual que muchos profesores de “universidades civilizadas”, dejar la política fuera del aula de clases, pues hay que hacer una diferencia entre la ciencia y la política, una diferencia que generalmente se entiende con el solo hecho de nombrar estas dos abstracciones. Para que un saber sea científico, se debe estar despojado y libre de valores, para eso dicho método que tiene la ciencia. Esto no solo convoca a las ciencias naturales, sino que también a las ciencias sociales, por ejemplo el método de Descartes, o el método sociológico de Durkheim. En cuanto a las ciencias sociales, solo se debe dar o tratar de entender una valorización la cual es a la vez comprendida por lo actores sociales, hay una especie de objetivación o una verdad universalmente valida, solo de esa forma podemos construir quizá una verdad, pero hay que diferenciar la interpretación de la explicación, además hay que dejar en claro que el científico o el sociólogo nunca debe emitir juicios de valor, esa es la única forma de juntar por así decirlo la ciencia y la política que descansan en diversos campos, por ejemplo en la sociología o en las ciencias políticas.
Hay que hacer necesariamente esa diferencia entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, la diferencia entre un mundo que se da, o lo cree así la ciencia, mecánico y un mundo de valores, los cuales deben ser estudiados según el contexto y el tiempo, interpretarlos pero no emitirlos. Es ahí en donde podemos encontrar el sentido, separando los dos tipos de ciencia, lo que reconocen los valores y los que no los reconocen.
Es de saber que la racionalización de las ciencias naturales domina la cultura, y que al crear una cosmovisión mecanicista, el mundo es despojado de valores y por lo tanto de sentido. La ciencia y la racionalización van de la mano con la burocratización, las cuales son las causantes tanto de la dominación como de la pérdida de sentido.
Hay algo en común entre Weber y Nietzsche que se puede poner de manera antagónica de ver el mundo de manera mecanicista, ese algo es el valor. En ambos autores encontramos que todo lo que se puede decir acerca del mundo es posibilitado por operaciones de significado y de valor, las cuales, a diferencia de la concepción mecanicista, hay que entenderlas o interpretarlas, es esto lo que lleva a weber a ordenar esta realidad significativa a través del lenguaje de los conceptos y como la realidad es incognoscible en su totalidad, lo que queremos saber o estudiar de la realidad es elegido de manera arbitraria, hay que recordar que todo está de cierta forma determinado por un contexto histórico. Tener en cuenta esto y un tanto el aspecto político puede llevar de alguna forma a tratar de reencantar el mundo. Tanto Weber como Nietzsche tienen en cuenta el mundo valórico, y por ahí reside su crítica a la ciencia mecánica, a la ciencia como prejuicio, y a la dominación racional que descansa en la burocratización.