jueves, 15 de julio de 2010

El Desencantamiento del Mundo (desde Weber)

Junto con el planteamiento de la racionalidad instrumental hay una serie de aspectos y hechos que han desmotivado y segregado el sentido que se le da al mundo y a las acciones, desde las revoluciones burguesas y culturales en occidente se ha adelantado este proceso de desencantamiento del mundo, en el cual se ha reemplazado el paradigma teocéntrico junto con el cual el hombre era un creación mas de dios, y como tal debía actuar con respeto y valorar al cosmos, en sí el hombre se sentía a gusto con su contexto y con su mundo, o con el mundo de su creador, le daba un gran sentido a la vida. Los animales, las plantas, los ríos, las montañas, etc. Todo estaba ampliamente valorado por el hombre, ya que él no era el centro, no debía cambiar nada del mundo ni de su naturaleza, porque todo era dado por dios, por lo tanto la visión del mundo que predominó en Occidente hasta la víspera de la Revolución Científica fue la de un mundo encantado. Las rocas, los árboles, los ríos y las nubes eran contemplados como algo maravilloso y con vida, y los seres humanos se sentían a sus anchas en este ambiente.[1]

Luego con las revoluciones burguesas hay un cambio de paradigma, de el teocentrismo al antropocentrismo, dios deja de ser el centro del cosmos, para más tarde y como lo dice Nietzsche, Morir. Es el hombre el que luego se pone en el centro del cosmos y por lo tanto es el responsable de lo que ocurre a su alrededor, de transformar y crear, hay una secularización de la idea de progreso. Es entonces con la aparición de la ciencia como tal, y más aun la institucionalización, la burocratización, legitimación y quizá fetichización de la ciencia en el siglo XIX, siglo del orden y el progreso, eslogan del capitalismo, en donde se ve el mundo con una perspectiva mecanicista y desencantada cada vez mas. Se reemplazan los valores puritanos que se tenían, ya reemplazados por el cristianismo, y se impone la racionalidad instrumental. Es la racionalización “científica” de la realidad la que ha provocado el desencantamiento de la vida y del mundo, la razón a pasado a ser un instrumento para dominar imponiendo su visión mecanicista y pensando en que se puede llegar a la realidad objetiva a través de un método que despoja al científico de prejuicios y pasiones.

La ciencia lo que ha hecho es reemplazar toda pregunta de sentido (¿por qué?) por una pregunta de método (¿cómo?) derribando el sentido que no sea científico admitiendo que la razón es un instrumento para llegar a la verdad, ya sea a través de números o cálculos. Es esa misma racionalidad la que ha provocado que nos encerremos en una jaula de hierro y nos desencantemos. El mundo que quiere la ciencia, un mundo mecánico, físico y como tal sin sentido y libre de valores, que se mueve en una sola dirección como las agujas del reloj, es un mundo desencantado.

Si bien Weber, a diferencia de Hegel, cree que la realidad como tal es incognoscible en su totalidad y solo puede ser ordenada parcialmente a través de conceptos elegidos de manera arbitraria, a la vez cree que en entre la realidad y el conocimiento hay un vacío posibilitado por una toma de posición valorativa, con la cual no renuncia a la posibilidad de un conocimiento objetivo con validez universal. Hay que entender que Weber rechaza el imperativo categórico de Kant, y entiende que el objeto de estudio son los valores tomados por lo individuos los cuales se objetivan en un determinado contexto y en un determinado tiempo. Pero estos valores solo se pueden interpretar, no se puede explicar ya que no hay una “conocimiento científico” exacto, hay que ver la objetividad como una objetivación, como una verdad universalmente válida.

Estos valores y sentidos se han ido desvaneciendo con la creciente racionalización de la humanidad que conlleva de manera inherente una secularización. Es por esto que el futuro que diagnostica Weber no es para nada alentador, la dominación de las grandes potencias han cambiado sus formas, pero la dominación como tal se ha mantenido, descansando de manera legal en la racionalización y en la burocratización. Ahora, el papel de la ciencia es algo fundamental, a esto me refiero un tanto con la burocratización, el hecho de solo nombrar la palabra “ciencia” puede generar una actitud sumisa frente a esa abstracción, y en cuanto a la burocratización le podemos poner ese fetiche cultural, como por ejemplo el sociólogo, que da las simples opiniones que cualquier ciudadano puede generar, pero por el hecho de tener burocratizado su “saber”, por el hecho de “ser sociólogo” su dominio descansa en una legitimación racionalizada. Se ha sabido que la ciencia y todas las doctrinas científicas descansan en su método libre de prejuicios y pasión que hacen del científico alguien capaz de poder ver la realidad tal cual es, o por lo menos así lo pretende la ciencia.

Son varios aspectos que descansan en la racionalización de la humanidad los que nos sumergen en una dominación legitima que trata como objetivo lo que está libre de valores y de prejuicios; se es objetivo cuando no se valora, cuando no se emiten juicios de valor. Weber nos cuenta que nos encerraremos en una jaula de hierro a raíz de esta racionalización, y como la ciencia es la doctrina que tiene la verdad entonces hay una gran pérdida de sentido. Si bien Nietzsche ve una especie de reencantamiento en el arte, Weber lo ve en la política.

Ahora bien, podemos imaginar este futuro desolador aunque sea por un minuto: dominaría la burocracia que descansaría en la ciencia, como tal no habría relaciones de simpatía ni de gratitud, no se emitirían juicios de valor, todo sería movido de manera gris por rasgos impersonales, sería muy difícil mantener una amistad dentro del dominio de la burocracia; el amor, la amistad, la simpatía, el gusto, la arbitrariedad, los sentidos, todo seria desparasitado de sus valores, solo habrían acciones instrumentales racionalizadas y “objetivas”, y como tal se expandiría a la cultura, digna de su tiempo, sería una cultura de la mona lisa: sin risa, sin llanto.

Weber al hablar en algunos capítulos sobre la política, se refiere a dos tipos de éticas, a la “ética de la responsabilidad” y a la “ética de la convicción”. Weber piensa en el político como alguien que debe tener una causa y a la vez una pasión para no tratar de ganar el poder por el poder. A la vez relaciona ampliamente la política con el estado: “Por política entenderemos solamente la dirección o la influencia sobre la dirección de una asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de un Estado”[2]. Weber vincula el poder político con la violencia legítima y la dominación. Es ahí donde se trata de vincular la ética con la política para no perder el sentido, para que el “ser político” no se nos escape en una carrera por el poder es necesario reunir la pasión y la responsabilidad, la ética de la convicción con la ética de la responsabilidad, dos tipos que no son mutuamente excluyentes, quizá podamos agregar además una sutil diferencia entre la vocación y la profesión. Weber piensa que solo en el político autentico puede armonizarse este dialogo entre causa, pasión y convicción con el criterio de responsabilidad.

Weber solía, al igual que muchos profesores de “universidades civilizadas”, dejar la política fuera del aula de clases, pues hay que hacer una diferencia entre la ciencia y la política, una diferencia que generalmente se entiende con el solo hecho de nombrar estas dos abstracciones. Para que un saber sea científico, se debe estar despojado y libre de valores, para eso dicho método que tiene la ciencia. Esto no solo convoca a las ciencias naturales, sino que también a las ciencias sociales, por ejemplo el método de Descartes, o el método sociológico de Durkheim. En cuanto a las ciencias sociales, solo se debe dar o tratar de entender una valorización la cual es a la vez comprendida por lo actores sociales, hay una especie de objetivación o una verdad universalmente valida, solo de esa forma podemos construir quizá una verdad, pero hay que diferenciar la interpretación de la explicación, además hay que dejar en claro que el científico o el sociólogo nunca debe emitir juicios de valor, esa es la única forma de juntar por así decirlo la ciencia y la política que descansan en diversos campos, por ejemplo en la sociología o en las ciencias políticas.

Hay que hacer necesariamente esa diferencia entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, la diferencia entre un mundo que se da, o lo cree así la ciencia, mecánico y un mundo de valores, los cuales deben ser estudiados según el contexto y el tiempo, interpretarlos pero no emitirlos. Es ahí en donde podemos encontrar el sentido, separando los dos tipos de ciencia, lo que reconocen los valores y los que no los reconocen.

Es de saber que la racionalización de las ciencias naturales domina la cultura, y que al crear una cosmovisión mecanicista, el mundo es despojado de valores y por lo tanto de sentido. La ciencia y la racionalización van de la mano con la burocratización, las cuales son las causantes tanto de la dominación como de la pérdida de sentido.

Hay algo en común entre Weber y Nietzsche que se puede poner de manera antagónica de ver el mundo de manera mecanicista, ese algo es el valor. En ambos autores encontramos que todo lo que se puede decir acerca del mundo es posibilitado por operaciones de significado y de valor, las cuales, a diferencia de la concepción mecanicista, hay que entenderlas o interpretarlas, es esto lo que lleva a weber a ordenar esta realidad significativa a través del lenguaje de los conceptos y como la realidad es incognoscible en su totalidad, lo que queremos saber o estudiar de la realidad es elegido de manera arbitraria, hay que recordar que todo está de cierta forma determinado por un contexto histórico. Tener en cuenta esto y un tanto el aspecto político puede llevar de alguna forma a tratar de reencantar el mundo. Tanto Weber como Nietzsche tienen en cuenta el mundo valórico, y por ahí reside su crítica a la ciencia mecánica, a la ciencia como prejuicio, y a la dominación racional que descansa en la burocratización.



[1] Berman, Morris (1987): “El reencantamiento del mundo”, cuatro vientos, Chile, pp. 5

[2] Weber, Max (2005): “El político y el científico”, el libertador, Buenos Aires, pp. 11